sábado, 29 de mayo de 2010

Se expusieron los trabajos del Seminario "Una visión urbana de la vivienda social"




Se presentaron el viernes en el Aula Bari de la Universidad de Concepción del Uruguay los trabajos desarrollados en el marco del Seminario Taller "Una visión urbana de la vivienda social. Hacia la construcción de indicadores de sostenibilidad",que se realizó como parte de las actividades de la Cátedra de Planificación Urbanística de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo.

El Seminario estuvo organizado en la cátedra de Planificación Urbanística de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, contando con la asistencia de alumnos, docentes y graduados de esta Facultad. El objetivo consistió en abordar la problemática de la vivienda social, entendiendo por vivienda social las soluciones habitacionales provistas por el Estado, desde la óptica de la sostenibilidad urbana. A lo largo del Seminario se analizaron y evaluaron las intervenciones en vivienda social en Concepción del Uruguay a partir de una combinación de indicadores que se construyeron de manera consensuada adaptando experiencias internacionales al respecto. Se confeccionó además una guía con un conjunto de lineamientos de diseño que se utilizó para propuestas de intervención para mejorar conjuntos de viviendas existentes, así como una propuesta de nuevo conjunto de vivienda utilizando el inmueble de la ex Central Caseros.
Las presentaciones de los trabajos se realizaron recurriendo a nuevas técnicas, tales como videos, presentaciones en flas y power point, etc, así como también a herramientas más tradicionales como maquetas y láminas.
El seminario estuvo a cargo de la titular de la Cátedra, Arq. Graciela Falivene, contando con la colaboración de la Arq. Patricia Costa y el Arq. José Antonio Artusi. Los docentes resaltaron la importancia de generar ámbitos académicos de formación y debate en torno al tema de la vivienda social, como modo de generar conciencia acerca de la necesidad de impulsar políticas públicas de gestión del suelo que hagan realidad el derecho a la vivienda y el derecho a la ciudad para todos.-
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sábado, 8 de mayo de 2010

La crisis del espacio público y la oportunidad de la crisis

Por Jordi Borja
La ciudad es ante todo el espacio publico, el espacio público es la ciudad. El espacio público es a la vez condición y expresión de la ciudadanía, de los derechos ciudadanos. Si el espacio público está en crisis, se degrada o se disuelve, es la democracia que se pervierte, el proceso histórico que hace avanzar las libertades individuales y colectivas, la reducción de las desigualdades y la supremacía de la solidaridad y la tolerancia sobre el egoísmo y la exclusión.

La crisis actual del espacio público puede ser considerada a partir de dos parámetros.
Primero: la consideración histórico-cultural del espacio público como una dimensión fundamental de la democracia política y social. La democracia en su dimensión territorial. El espacio público es el espacio de uso colectivo (ver artículo de Manuel Solà Morales). Es el ámbito en el que los ciudadanos pueden (o debieran) sentirse como tales, libres e iguales. El donde la sociedad se escenifica, se representa a sí misma, se muestra como una colectividad que convive, que muestra su diversidad y sus contradicciones y expresa sus demandas y sus conflictos. Es donde se construye la memoria colectiva y se manifiestan las identidades múltiples y las fusiones en proceso. El espacio público democrático es un espacio expresivo, significante, polivalente, accesible, evolutivo, es un espacio que relaciona a las personas y que ordena las construcciones, un espacio que marca a la vez el perfil propio de los barrios o zonas urbanas y la continuidad de las distintas partes de la ciudad. Este espacio es el que hoy está en crisis. Y su decadencia pone en cuestión la posibilidad de ejercer el "derecho a la ciudad" (David Harvey). Derecho a la ciudad y espacio público democrático son dos caras de la misma moneda y la cultura política y urbanística actual ha revalorizado ambos conceptos en nuestra época.
Segundo: la crisis del espacio público viene determinada por un conjunto de factores. El principal sin duda es resultado de las actuales pautas urbanizadoras extensivas y difusas productoras de espacios fragmentados, lugares (o no-lugares) mudos, tierras de nadie, guetos clasistas, zonas marcadas por el miedo o la marginación. El espacio público en estas extensas zonas de urbanización discontinua y de baja densidad prácticamente desaparece, los ciudadanos quedan reducidos a habitantes atomizados y a clientes dependientes de múltiples servicios con tendencia a privatizarse. La disolución de la ciudad en las periferias (Françoise Choay) se complementa con la especialización (social y funcional) de los centros urbanos y de gran parte de la ciudad compacta (que ya había anunciado Jane Jacobs). Los espacios públicos pierden sus cualidades ciudadanas para convertirse en espacios viarios, o en áreas turísticas y de ocio o museificadas, o centros administrativos vacíos y temidos al atardecer, o en calles o barrios cerrados (que no solo existen en las periferias de baja densidad), o en plazas vigiladas en las que se suprimen los elementos que favorecen el estar (los bancos) o se crean obstáculos físicos para evitar concentración de personas. Las calles comerciales animadas y abiertas se substituyen por centros comerciales en los que se aplica "el derecho de admisión". Y los centros y barrios que no se transforman siguiendo estas pautas devienen espacios de exclusión olvidados y a veces criminalizados.
Este modelo de urbanización es un producto de la convergencia de intereses propios del actual capitalismo globalizado: capital financiero volante especulativo, legislación favorable a la urbanización difusa y al boom inmobiliario (hipotecas basura) y propiedad privada del suelo con apropiación de las plusvalías especulativas. Un círculo vicioso que cuando encuentra obstáculos legales o sociales practica impunemente la corrupción. (Jordi Borja).
Estas pautas de urbanización vienen reforzadas por el afán de distinción de clases altas y medias que buscan la distinción y la protección de áreas exclusivas y la seguridad (ilusoria) que los sectores medios y bajos creen encontrar en la propiedad del suelo o de la vivienda como ahorro para el futuro y altos costos en el presente. Los gobiernos locales a su vez, cómplices por acción o por omisión, encuentran en la urbanización una fuente de ingresos y un cierto apoyo social. La cultura urbanística heredada del movimiento moderno que había decretado "la muerte de la calle" sirve de coartada a muchos profesionales para justificar su necesaria participación en el festín.
Pero la fiesta ha terminado: ¿La urbanización en los próximos años no podrá seguir las mismas pautas? Sería lógico que se impusiera un cambio radical. Por razones de despilfarro de recursos básicos y de altos costes sociales. Por la irresponsabilidad especulativa con la que actúa el capitalismo financiero global. Por la responsabilidad exigible por parte de las opiniones públicas a los gobiernos de la necesidad de regular tanto a las agentes financieros como a los grandes actores inmobiliarios que han recibido cuantiosas ayudas de dinero público para salir del atolladero por ellos mismos provocado. Por las posibles movilizaciones sociales de los principales afectados por la crisis, las mayorías populares, que han perdido ahorros y/o empleo, y que exigirán el abandono de las políticas neoliberales que han provocado esta crisis (ver Neil Smith y otros en Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistémico, citado en este número).
Los profesionales y en general los intelectuales tienen una especial responsabilidad en la conversión de la crisis en oportunidad de cambio en un sentido democrático: desarrollar un pensamiento crítico radical y proponer alternativas posibles y deseables. Lo cual requiere situarse fuera de la lógica institucional (gobiernos gestores, cúpulas partidarias de partidos integrados en el sistema) y de la cultura oficial académica. En ambos casos predomina el conservadurismo a ultranza, los responsables políticos no saben ni quieren saber otra cosa que la vuelta a la situación anterior. Y la vida académica actual ha degenerado a producir un saber reproductivo, cada vez más alejado de las realidades, substituidas por la metodología formalista y por la sumisión a las revistas indexadas acorazadas frente a la crítica y a la innovación.
Probablemente en este mundo solo es posible hacer reformas. Pero para que las reformas sirvan para progresar y no para mantener en peor lo existente se requiere un pensamiento radical, o si lo prefieren, revolucionario. Un pensamiento orientado a la acción.
Fuente: http://cafedelasciudades.com.ar/carajillo/5_editorial.htm
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sábado, 24 de abril de 2010

Sauret: “El fallo de La Haya es incongruente e injusto”

El doctor Héctor Cesar Sauret, rector de la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU) brindó una conferencia de prensa en la que analizó el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya y propuso una serie de iniciativas para que desde el ámbito académico se encuentren soluciones a la degradación ambiental que sufre el río Uruguay.

“El fallo de La Haya es incongruente e injusto. Incongruente porque reconoce que hubo un acto de mala fe al no respetarse el Tratado del río Uruguay y porque no sanciona al Uruguay. Injusto porque no falla sobre las demás cuestiones planteadas desde ambas partes” manifestó Sauret a los medios de prensa y expresó: “El único castigado es el que denunció la situación irregular”.
“Las partes deben acatar el fallo porque es inapelable, pero más allá de los análisis jurídicos es un llamado de atención no lejano sino presente que deja las cosas al punto de partida de cuando se inició el conflicto diplomático”, dijo el rector de la UCU.
LA CARU Y EL TRATADO DEL RÍO URUGUAY
En referencia al Tratado del río Uruguay, Sauret sostuvo que es necesaria la incorporación de la República Federativa del Brasil ya que dicho país también tiene derechos y obligaciones sobre la cuenca fluvial.
También remarcó que el fallo de La Haya le otorga una misión a futuro de gran responsabilidad a la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) y que por tal motivo se necesita que evolucione el sistema de elección de sus integrantes a través de mecanismos como las audiencias públicas, tal como sucede con el nombramiento de jueces, y que los funcionarios designados no solo deban rendir cuentas a la Cancillería , sino que también lo hagan ante el Congreso de la Nación , y ante la Legislatura Provincial que es el poder a nivel regional que debe intervenir.
DRAGADO DEL RÍO URUGUAY
“El río Uruguay está huérfano de inversiones y el puerto de Concepción del Uruguay está bloqueado por el no dragado. En estas condiciones nuestro puerto está condenado a ser marginal ya que la producción agropecuaria de la región se exporta desde Rosario” expresó el rector de la UCU en un pasaje de la conferencia y remarcó: “El tema Botnia no puede convertirse en una anestesia para el desarrollo regional”. “El desarrollo tiene que ser superador de los conflictos ambientales y regionales”, agregó.
LAS UNIVERSIDADES Y EL RÍO
Al referirse a la participación que deben tener las universidades en general y la UCU en particular en la preservación del río Uruguay, Sauret manifestó: “aspiramos a conformar un espacio académico de reflexión y preservación que integren las universidades, los municipios, la CARU , la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, y la Comisión del Río de la Plata ”. Además anunció que la UCU tiene planificada la creación de dos observatorios; uno destinado al resarcimiento de daños por contaminación ambiental y otro sobre daños en materia de catástrofes viales internacionales, que están siendo analizados junto a la Universidad de Bari (Italia).
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domingo, 18 de abril de 2010

EL DERECHO A LA CIUDAD

Por David Harvey
Vivimos en una era en la que los ideales de los derechos humanos se han colocado en el centro de la escena tanto política como éticamente. Se ha gastado una gran cantidad de energía en promover su significado para la construcción de un mundo mejor, aunque la mayoría de los conceptos que
circulan no desafían fundamentalmente las lógicas de mercado liberales y neoliberales o los modos dominantes de legalidad y de acción estatal.

Vivimos,después de todo, en un mundo en el que los derechos a la propiedad
privada y el benefició aplastan todas las demás nociones de derechos.
Quiero explorar aquí otro tipo de derecho humano, el derecho a la ciudad.
¿Ha contribuido el impresionante ritmo y escala de urbanización de los
últimos cien años al bienestar humano? La ciudad, en palabras del sociólogo
urbano Robert Parker, es
el intento más exitoso del ser humano de rehacer el mundo en el que vive de
acuerdo con el deseo más íntimo de su corazón. Pero si la ciudad es el mundo
que el ser humano ha creado, es también el mundo en el que a partir de
ahora está condenado a vivir. Así pues, indirectamente y sin un sentido nítido
de la naturaleza de su tarea, al hacer la ciudad, el ser humano se ha rehecho
a sí mismo1.
La cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede estar divorciada
de la que plantea qué tipo de lazos sociales, de relaciones con la naturaleza,
de estilos de vida, de tecnologías y de valores estéticos deseamos.
El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder
a los recursos urbanos: se trata del derecho a cambiarnos a nosotros
mismos cambiando la ciudad. Es, además, un derecho común antes que
individual, ya que esta transformación depende inevitablemente del ejercicio
de un poder colectivo para remodelar los procesos de urbanización.
La libertad de hacer y rehacer nuestras ciudades y a nosotros mismos es,
como quiero demostrar, uno de nuestros derechos humanos más preciosos,
pero también uno de los más descuidados.
1 Robert Park, On Social Control and Collective Behavior, Chicago, 1967, p. 3.
esde sus inicios, las ciudades han surgido mediante concentraciones
geográficas y sociales de un producto excedente. La urbanización siempre
ha sido, por lo tanto, un fenómeno de clase, ya que los excedentes
son extraídos de algún sitio y de alguien, mientras que el control sobre
su utilización habitualmente radica en pocas manos. Esta situación general
persiste bajo el capitalismo, por supuesto; pero dado que la urbanización
depende de la movilización del producto excedente, surge una conexión
íntima entre el desarrollo del capitalismo y la urbanización. Los
capitalistas tienen que producir un producto excedente a fin de producir
plusvalor; éste a su vez debe reinvertirse para generar más plusvalor. El
resultado de la reinversión continuada es la expansión de la producción
de excedente a un tipo de interés compuesto, y de ahí proceden las curvas
logísticas (dinero, producción y población) vinculadas a la historia de
la acumulación de capital, que es replicada por la senda de crecimiento
de la urbanización en el capitalismo.
La perpetua necesidad de encontrar sectores rentables para la producción
y absorción de capital excedente conforma la política del capitalismo y
enfrenta al capitalista con diversas barreras a la expansión continua y libre
de inconvenientes. Si el trabajo es escaso y los salarios son altos, o
bien el trabajo existente tiene que ser disciplinado –normalmente los dos
métodos más comunes son provocar un desempleo inducido tecnológicamente
o asaltar el poder de la clase obrera organizada–, o bien deben encontrarse
nuevas fuerzas de trabajo mediante la inmigración, la exportación
de capital o la proletarización de elementos de la población hasta
ese momento independientes. Los capitalistas deben también descubrir
nuevos medios de producción en general y nuevos recursos naturales en
particular, lo cual presiona de modo creciente sobre el entorno natural a
la hora de obtener las materias primas necesarias y absorber los residuos
inevitables. Los capitalistas necesitan también descubrir nuevas áreas de
extracción de recursos naturales, tarea que es con frecuencia el objetivo
de los esfuerzos imperialistas y neocoloniales.
Las leyes coercitivas de la competencia también fuerzan la continua implementación
de nuevas tecnologías y formas organizativas, dado que éstas
permiten que los capitalistas venzan a sus competidores que utilizan
métodos inferiores. Las innovaciones definen nuevos deseos y necesidades,
reducen el tiempo de rotación del capital y mitigan la fricción de la distancia,
lo cual limita el ámbito geográfico en el que el capitalista puede
buscar suministros ampliados de fuerza de trabajo, materias primas y demás
insumos productivos. Si no existe suficiente poder de compra en el
mercado, deben encontrarse nuevos mercados mediante la expansión del
comercio exterior, la promoción de nuevos productos y estilos de vida, la
creación de nuevos instrumentos crediticios y el gasto público y privado
financiado a través del endeudamiento. Si finalmente la tasa de beneficio
es demasiado baja, entonces la regulación estatal de la «competencia ruinosa
», la monopolización (fusiones y adquisiciones) y las exportaciones
de capital ofrecen vías de salida.
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ARTÍCULOS
Si alguna de las mencionadas barreras no puede ser evitada, los capitalistas
no pueden reinvertir rentablemente su producto excedente, bloqueándose
la acumulación de capital y enfrentándolos a la crisis en la que su
capital puede devaluarse y en algunos casos destruirse físicamente. Las
mercancías excedentes pueden perder su valor o ser destruidas, mientras
que los activos y la capacidad productivos pueden dejar de utilizarse
como tales y quedar ociosos; el dinero mismo puede devaluarse mediante
la inflación, y la fuerza de trabajo, conocer el desempleo masivo. ¿Cómo
ha impulsado, pues, la necesidad de eludir estas barreras y de expandir
las áreas de actividad rentable la urbanización capitalista? Sostengo aquí
que la urbanización ha desempeñado un papel particularmente activo,
junto con fenómenos como los gastos militares, a la hora de absorber el
producto excedente que los capitalistas producen perpetuamente en su
búsqueda de beneficios.
Revoluciones urbanas
Consideremos, en primer lugar, el caso del París del Segundo Imperio. El
año de 1848 trajo consigo una de las primeras innegables crisis de capital
excedente y de fuerza de trabajo ociosa a escala europea, que golpeó
a París de modo especialmente duro, dando lugar a una revolución abortada
protagonizada por los trabajadores desempleados y por aquellos utópicos
burgueses que consideraban la república social como el antídoto a
la avaricia y la desigualdad que habían caracterizado a la Monarquía de
Julio. La burguesía republicana reprimió violentamente a los revolucionarios,
pero no logró resolver la crisis, que se zanjó con el ascenso al poder
de Luis Napoleón Bonaparte, quien organizó un golpe de Estado en
1851 proclamándose emperador el año siguiente. Para sobrevivir políticamente,
recurrió a una amplia represión de los movimientos políticos alternativos,
mientras que se enfrentó a la situación económica mediante un
vasto programa de inversión en infraestructuras tanto en el interior de
Francia como en el exterior, en donde acometió la construcción de ferrocarriles
en toda Europa y en Oriente, apoyando grandes obras como el
Canal de Suez. En el interior, Luis Napoleón consolidó la red de ferrocarriles,
construyó puertos y dársenas, y desecó zonas pantanosas, pero sobre
todo acometió la reconfiguración de la infraestructura urbana de París,
encargando a Georges Eugène Haussmann las obras públicas de la
ciudad en 1853.
Haussmann comprendió claramente que su misión era contribuir a resolver
el problema de la existencia de capital excedente y la situación de desempleo
existente mediante la urbanización. Reconstruir París absorbió
enormes cantidades de trabajo y capital para la época y, suprimiendo las
aspiraciones de la fuerza de trabajo parisina, fue un instrumento esencial
de estabilización social. Haussmann se inspiró en los planes utópicos que
fourieristas y saint-simonianos habían debatido durante la década de 1840
para remodelar París, introduciendo, no obstante, una importante diferen-
cia, ya que transformó la escala a la que se imaginó el proceso urbano.
Cuando el arquitecto Jacques Ignace Hittorff le presentó sus planes de un
nuevo bulevar, Haussmann se los devolvió diciéndole: «No es suficientemente
ancho […] le has dado una anchura de 40 metros y yo lo quiero
de 120 metros». Anexionó los suburbios y rediseñó barrios enteros como
el de Les Halles. Para llevar a cabo estos proyectos, Haussmann precisaba
de nuevas instituciones financieras y nuevos instrumentos de deuda
como el Crédit Mobilier y el Crédit Immobilier, que fueron instituidos de
acuerdo con líneas saint-simonianas. Haussmann ayudó, de hecho, a resolver
el problema de la utilización del excedente de capital estableciendo
un sistema protokeynesiano de mejoras urbanas en infraestructuras financiadas
mediante el endeudamiento.
El sistema funcionó muy bien aproximadamente durante quince años e
implicó no sólo la transformación de las infraestructuras urbanas, sino
también la construcción de un nuevo modo de vida y de persona urbana.
París se convirtió en «la ciudad de la luz», un gran centro de consumo,
turismo y placer; los cafés, los grandes almacenes, la industria de
la moda y las grandes exposiciones cambiaron la vida urbana de modo
que pudiera absorber enormes excedentes mediante el consumo. Tras
un tiempo, sin embargo, el sistema financiero, sobretensado y especulativo,
y las estructuras de crédito colapsaron en 1868. Haussmann fue
despedido; Napoleón III, desesperado, declaró la guerra a la Alemania
de Bismarck para perderla, creándose un vacío en el que se produjo la
Comuna de París, uno de los grandes episodios revolucionarios de la
historia urbana del capitalismo, desencadenado en parte por la nostalgia
del mundo que Haussmann había destrozado y por el deseo de los
trabajadores de recuperar la ciudad de la que habían sido desposeídos
por sus trabajos2.
Saltemos ahora a la década de 1940 en Estados Unidos. La descomunal
movilización para atender el esfuerzo de guerra había resuelto temporalmente
el problema del uso del excedente de capital, que había parecido
tan intratable durante la década de 1930, y el desempleo que había
traído aparejado, pero todo el mundo temía lo que podría suceder
una vez que la guerra concluyese. Políticamente la situación era peligrosa:
el gobierno federal estaba, en efecto, dirigiendo una economía nacionalizada
y mantenía una alianza con la Unión Soviética comunista,
mientras que fuertes movimientos sociales con inclinaciones izquierdistas
habían emergido durante la década de 1930. Como en la era de Luis
Bonaparte, las clases dominantes de la época consideraban necesaria
una vigorosa dosis de represión política, siendo demasiado familiar la
posterior historia de la política del mccarthysmo y de la Guerra Fría, cuyos
primeros signos abundaban ya a principios de la década de 1940.
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ARTÍCULOS
2 Para un examen exhaustivo, véase David Harvey, Paris, Capital of Modernity, Nueva York,
2003 [ed. cast.: París, capital de la modernidad, Madrid, Akal, 2008].
En el frente económico, persistía la cuestión de cómo podría absorberse
el capital excedente.
En 1942, apareció en Architectural Forum una larga evaluación de las iniciativas
y trabajos de Haussmann, que documentaba con detalle lo que
éste había hecho, intentaba un análisis de sus errores y buscaba recuperar
su reputación como uno de los mayores urbanistas de todos los tiempos.
El artículo no era sino de Robert Moses, quien tras la Segunda Guerra Mundial
hizo en Nueva York lo que Haussmann había hecho en París3. Moses
cambió la escala de pensamiento sobre el proceso urbano. Mediante un
sistema de autopistas y transformaciones de infraestructuras, suburbanización
y la remodelación total no sólo de la ciudad sino del conjunto de la
región metropolitana, contribuyó a resolver el problema de la absorción
de capital excedente. Para lograrlo, exploró las nuevas instituciones financieras
y los modelos fiscales que liberarían el crédito necesario para
la expansión urbana financiada mediante el endeudamiento. Cuando este
proceso se extendió al conjunto de las mayores áreas metropolitanas estadounidenses
–de nuevo otro cambio de escala–, desempeñó un papel fundamental
a la hora de estabilizar el capitalismo global después de 1945,
periodo en el que Estados Unidos podía permitirse propulsar la economía
global no comunista incurriendo en déficits comerciales.
La suburbanización de Estados Unidos no fue únicamente cuestión de
nuevas infraestructuras. Como en el Segundo Imperio, implicó una transformación
radical de los estilos de vida, la introducción de nuevos productos:
de las viviendas a las neveras y los aires acondicionados, de los
dos coches en el garaje a un enorme incremento en el consumo de petróleo.
También alteró el paisaje político, ya que la propiedad subsidiada
de una vivienda para la clase media cambió el objeto de atención de la
acción comunitaria hacia la defensa de los valores de la propiedad y las
identidades individualizadas, canalizando el voto suburbano hacia el republicanismo
conservador. Se pensaba que era menos probable que los
propietarios de una vivienda, aplastados por la deuda, recurriesen a la
huelga. Este proyecto absorbió con éxito el excedente y aseguró la estabilidad
social, aunque a costa de vaciar los centros de los cascos urbanos
y generar descontento entre aquéllos, básicamente afro-americanos, a
quienes se les negaba el acceso a la nueva prosperidad.
A finales de la década de 1960, comenzó un tipo diferente de crisis; Moses,
como Haussmann, cayó en desgracia y su solución se consideró inapropiada
e inaceptable. Los tradicionalistas se agruparon en torno a Jane
Jacobs e intentaron contrarrestar la modernidad brutal de los proyectos de
Moses con una estética de barrio localizado. Pero las áreas suburbanas ya
habían sido construidas y el cambio radical del estilo de vida que traía
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ARTÍCULOS
3 Robert Moses, «What Happened to Haussmann?», Architectural Forum LXXVII (julio de
1942), pp. 57-66.
aparejado había tenido innumerables consecuencias sociales, llevando a
las feministas, por ejemplo, a proclamar esas áreas como el lugar de sus
descontentos primordiales. Si la haussmannización desempeñó un papel
en las dinámicas de la Comuna de París, las características descarnadas
del modo de vida suburbano también desempeñaron su parte en los espectaculares
acontecimientos que tuvieron lugar en Estados Unidos en
1968. Los estudiantes blancos de clase media mostraron su descontento
desencadenando una fase de revuelta mediante la búsqueda de alianzas
con grupos marginales que reivindicaban los derechos civiles y agrupándose
contra el imperialismo estadounidense para construir otro tipo de
mundo, que incluía también otro tipo de experiencia urbana.
En París, la campaña para detener la vía rápida de la margen izquierda y
la destrucción de barrios tradicionales por la invasión de «gigantes de altura
» como la Place d’Italie y la torre Montparnasse ayudó a animar las
mayores dinámicas del levantamiento de 1968. En este contexto, Henri
Lefebvre escribió La revolution urbaine, que predijo no sólo que la urbanización
era central para la supervivencia del capitalismo y, por lo tanto,
susceptible necesariamente de convertirse en objeto crucial de la lucha de
clases y de la lucha política, sino que estaba despareciendo paulatinamente
la distinción entre el campo y la ciudad mediante la producción de espacios
integrados a lo largo del territorio nacional, si no más allá del mismo4.
El derecho a la ciudad tenía que significar el derecho a dirigir la
totalidad del proceso urbano, que estaba dominando cada vez más el
campo mediante fenómenos que iban del agribusiness a la segunda residencia
y el turismo rural.
De la mano de la revuelta de 1968 vino la crisis financiera de las instituciones
crediticias que, al financiar la deuda, habían propiciado un boom
inmobiliario durante las décadas precedentes. La crisis se intensificó a finales
de la de 1960 hasta que el sistema capitalista colapsó, primero con
la explosión de la burbuja del mercado inmobiliario en 1973, a la que siguió
la quiebra de la ciudad de Nueva York en 1975. Como indicó William
Tabb, la respuesta a las consecuencias de esta última avanzaron, de
hecho, la construcción de la respuesta neoliberal a los problemas de perpetuar
el poder de clase reanimando la capacidad de absorber los excedentes
que el capitalismo debe producir para sobrevivir5.
Rodear el globo
Demos otro salto hasta la coyuntura actual. El capitalismo internacional
ha conocido una rápida serie de crisis y debacles –Asia oriental y sudo-
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ARTÍCULOS
4 Henri Lefebvre, The Urban Revolution, Minneapolis, 2003, y Writings on Cities, Oxford, 1996.
5 William Tabb, The Long Default. New York City and the Urban Fiscal Crisis, Nueva York,
1982.
29
ARTÍCULOS
riental en 1997-1998; Rusia en 1998; Argentina en 2001–, pero hasta tiempos
recientes había evitado una crisis global, aun teniendo en cuenta la
inestabilidad crónica para disponer del excedente de capital. ¿Cuál fue el
papel de la urbanización para estabilizar esta situación? En Estados Unidos,
se acepta la opinión de que el sector de la vivienda fue un importante
estabilizador de la economía, particularmente tras el hundimiento
del sector de la alta tecnología a finales de la década de 1990, y un componente
activo de la expansión en los primeros años de la actual. El mercado
de la vivienda absorbió directamente una gran cantidad de capital
excedente mediante la construcción de centros urbanos así como de viviendas
y espacios de oficina suburbanos, mientras que la rápida inflación
de los precios de los activos de la vivienda –respaldado por una generosa
ola de refinanciación hipotecaria a tipos de interés históricamente bajos–
estimuló el mercado interior estadounidense de bienes de consumo
y de servicios. La expansión urbana estadounidense contribuyó parcialmente
a estabilizar la economía global, en un momento en que Estados
Unidos soportaba enormes déficits comerciales con el resto del mundo,
endeudándose aproximadamente por un monto de 2 millardos de dólares
diarios para alimentar su insaciable pauta de consumo así como las
guerras de Iraq y Afganistán.
Pero el proceso urbano ha experimentado otra transformación de escala.
Se ha hecho, dicho en una palabra, global. Los booms inmobiliarios en el
Reino Unido y en España, así como en otros muchos países, han ayudado
a propulsar una dinámica capitalista de modos que se asemejan a
grandes rasgos a lo que ha sucedido en Estados Unidos. La urbanización
de China durante los últimos veinte años ha sido de un carácter diferente,
concentrándose en el desarrollo de su infraestructura, siendo incluso
más importante que el proceso estadounidense. Su ritmo se intensificó
enormemente tras una breve recesión en 1997, hasta el punto de que
China ha consumido casi la mitad de la producción mundial de cemento
desde 2000. Más de cien ciudades han rebasado el punto de inflexión
del millón de habitantes durante este periodo, y pequeños pueblos como
Shenzhen se han convertido en gigantescas metrópolis de entre 6 y 10 millones
de habitantes. Colosales proyectos de infraestructuras, que incluyen
presas y autopistas financiadas de nuevo mediante el endeudamiento,
están transformando el paisaje. Las consecuencias para la economía
global y la absorción de capital excedente han sido significativas: Chile
crece espectacularmente gracias al alto precio del cobre, Australia avanza
a pasos de gigante e incluso Brasil y Argentina se han recuperado en parte
gracias a la fortaleza de la demanda china de materias primas.
¿Es la urbanización de China, por lo tanto, el estabilizador primario del
capitalismo global en la actualidad? La respuesta tiene que ser un sí matizado,
porque China es únicamente el epicentro de un proceso de urbanización
que ahora se ha hecho genuinamente global, en parte por mor
de la impresionante integración de los mercados financieros que han utilizado
su flexibilidad para financiar mediante el endeudamiento el desa-
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ARTÍCULOS
rrollo urbano en todo el mundo. El banco central chino, por ejemplo, se
ha mostrado activo en el mercado hipotecario estadounidense, mientras
que Goldman Sachs se ha involucrado intensamente en el vigoroso mercado
inmobiliario de Bombay y el capital de Hong Kong ha invertido en
Baltimore. En medio de una marea de migrantes empobrecidos, la construcción
ha crecido de un modo inusitado en Johannesburgo, Taipei y
Moscú, así como en las ciudades de los países capitalistas centrales, como
Londres y Los Ángeles. Impresionantes si no criminalmente absurdos resultan
los proyectos de megaurbanización que han emergido en Oriente
Próximo en lugares como Dubai y Abu Dhabi, los cuales han absorbido
los excedentes procedentes de la riqueza del petróleo en los modos más
obscenos, socialmente injustos y ambientalmente despilfarradores.
Esta escala global dificulta la comprensión de que lo que está sucediendo
es teóricamente similar a las transformaciones que Haussmann supervisó
en París, dado que el boom urbanizador global ha dependido, como
sucedió con los que le antecedieron, de la construcción de nuevas instituciones
y dispositivos financieros para organizar el crédito necesario
para sostenerlo. Las innovaciones financieras lanzadas durante la década
de 1980 –titularización y serialización de las hipotecas locales para ser
vendidas en todo el mundo y establecimiento de nuevos vehículos para
negociar obligaciones de deuda garantizada– han desempeñado un papel
fundamental, siendo sus principales beneficios la dispersión del riesgo y
la posibilidad de crear fondos de ahorro excedente de más fácil acceso
para la demanda de vivienda. Estas innovaciones financieras también
han reducido los tipos de interés globales, al tiempo que generaban inmensas
fortunas para los intermediarios financieros que trabajaban con
esos prodigios. Pero dispersar el riesgo no significa eliminarlo. Además,
el hecho de que éste pueda distribuirse tan ampliamente, estimula comportamientos
locales todavía más arriesgados, porque el pasivo puede
transferirse a otra parte. Sin controles adecuados de evaluación del riesgo,
esta ola de financiarización se ha traducido ahora en la doble crisis
de las hipotecas subprime y del valor de los activos inmobiliarios. El resultado
de todo ello se concentró primero en las ciudades estadounidenses,
con implicaciones particularmente serias para los afroamericanos de
bajos ingresos ubicados en el centro de las ciudades y los hogares a cargo
de una mujer soltera. Ha afectado también a aquellos que, incapaces
de permitirse los elevadísimos precios de la vivienda en los centros urbanos,
especialmente en el sudoeste, fueron obligados a desplazarse a
las periferias metropolitanas: aquí decidieron especular, inicialmente pagando
tipos de interés baratos, con viviendas adosadas ya construidas,
enfrentándose ahora a costes de desplazamiento crecientes a medida que
aumenta el precio del petróleo y con cuotas hipotecarias cada vez mayores
cuando comienzan a pagar los intereses de acuerdo con los tipos
de mercado.
La crisis actual, con sus severas repercusiones locales sobre la vida y las
infraestructuras urbanas, amenaza también la totalidad de la arquitectu-
ra del sistema financiero global y puede desencadenar, además, una recesión
de envergadura. Los paralelos con la década de 1970 son escalofriantes,
incluida la inmediata respuesta con la concesión de dinero fácil
por parte de la Reserva Federal en 2007-2008, que generará casi con
toda seguridad fuertes corrientes de inflación incontrolable, si no una
situación de estanflación, en un futuro no muy lejano. Sin embargo, la
situación es mucho más compleja en la actualidad, y sigue siendo una
cuestión abierta si China puede compensar una debacle seria de Estados
Unidos; incluso parece que en aquel país el ritmo de la urbanización
puede estar ralentizándose6. Los sistemas de negociación informatizados
que operan prácticamente en tiempo real siempre amenazan
con crear una gran divergencia en el mercado, que ya está produciendo
una increíble volatilidad en la negociación bursátil y que precipitará
una crisis masiva que requerirá repensar totalmente cómo funcionan
no sólo los mercados monetarios y financieros, sino también su relación
con la urbanización.
Propiedad y pacificación
Como en todas las fases precedentes, esta última radical expansión del
proceso urbano ha traído aparejadas increíbles transformaciones de los
estilos de vida. La calidad de la vida urbana se ha convertido en una mercancía,
como la ciudad misma, en un mundo en el que el consumismo,
el turismo, las industrias culturales y las basadas en el conocimiento se
han convertido en aspectos esenciales de la economía política urbana. La
inclinación posmoderna a estimular la formación de nichos de mercado
–tanto en los hábitos de consumo como en las formas culturales– acecha
la experiencia urbana contemporánea con un aura de libertad de elección,
siempre que se disponga de dinero para ello. Grandes centros y superficies
comerciales proliferan como lo hacen los restaurantes de fast
food y los mercados de productos artesanales. Asistimos ahora, como señala
el sociólogo urbano Sharon Zukin, a la «pacificación mediante el cappuccino
». Incluso la incoherente, blanda y monótona promoción de vivienda
adosada suburbana, que continúa dominando en muchas áreas,
recibe ahora su antídoto en la forma de un movimiento en pro de un
«nuevo urbanismo» que oferta la venta de comunidad y estilos de vida de
calidad para cumplir todo tipo de sueños urbanos. Éste es un mundo en
el que la ética neoliberal de un intenso individualismo posesivo y su correspondiente
retirada política de las formas de acción colectiva se convierte
en el modelo de la socialización humana7. La defensa de los valores
de la propiedad se convierte en un interés político tan fundamental
que, como señala Mike Davis, las asociaciones de propietarios en el esta-
31
ARTÍCULOS
6 Richard Bookstaber, A Demon of Our Own Design. Markets, Hedge Funds and the Perils of
Financial Innovation, Hoboken (NJ), 2007.
7 Hilde Nafstad et al., «Ideology and Power. The Influence of Current Neoliberalism in Society»,
Journal of Community and Applied Social Psychology XVII, 4 (julio de 2007), pp. 313-327.
do de California se han convertido en bastiones de la reacción política, si
no de fascismos fragmentados a escala de barrio8.
Vivimos cada vez más en áreas urbanas divididas y proclives al conflicto.
Durante las últimas tres décadas, el giro neoliberal ha restaurado el poder
de clase en manos de las elites ricas. En México han aparecido 14 milmillonarios
desde entonces, y en 2006 el país se jactaba de que un connacional,
Carlos Slim, era el hombre más rico del planeta, al tiempo que las
rentas de los pobres se habían estancado o directamente disminuido. Los
resultados se hallan indeleblemente grabados en las formas espaciales de
nuestras ciudades, caracterizadas cada vez más por fragmentos fortificados,
comunidades valladas y espacios públicos privatizados sometidos a constante
vigilancia. En el mundo en vías de desarrollo en particular, la ciudad
se está dividiendo en diferentes partes separadas, con la evidente formación de
innumerables «micro Estados». Barrios ricos dotados de todo tipo de servicios,
tales como escuelas exclusivas, campos de golf y de tenis, y servicios privados
de policía que patrullan el área de modo permanente, se entrelazan con asentamientos
ilegales en los que puede disponerse de agua únicamente en fuentes
públicas, no existe alcantarillado, la electricidad es pirateada por unos pocos privilegiados,
las calles se convierten en barrizales cuando llueve, y donde compartir
casa es la norma. Cada fragmento parece vivir y funcionar de modo autónomo,
aferrándose tenazmente a lo que ha sido capaz de conseguir en la
lucha diaria por la supervivencia9.
Bajo estas condiciones, los ideales de identidad urbana, ciudadanía y pertenencia
–ya amenazados por la difusión del malestar de la ética neoliberal–
resultan mucho más difíciles de sostener. La redistribución privatizada mediante
la actividad criminal amenaza la seguridad a cada paso, promoviendo demandas
populares para que sea suprimida por la policía. Incluso la idea de
que la ciudad podría funcionar como cuerpo político colectivo, un lugar en
el que y desde el que los movimientos sociales progresivos podrían emanar,
no parece plausible. Existen, sin embargo, movimientos sociales urbanos
que intentan superar el aislamiento y remodelar la ciudad de acuerdo con
una imagen diferente de la promovida por los promotores inmobiliarios respaldados
por el capital financiero, el capital corporativo y un aparato de Estado
cada vez más imbuido por una lógica estrictamente empresarial.
Desposesiones
La absorción de excedente mediante la transformación urbana tiene un
aspecto todavía más siniestro, que ha implicado repetidas explosiones de
32
ARTÍCULOS
8 Mike Davis, City of Quartz. Excavating the Future in Los Angeles, Londres y Nueva York,
1990 [ed. cast.: Ciudad de cuarzo, Madrid, Lengua de Trapo, 2003].
9 Marcello Balbo, «Urban Planning and the Fragmented City of Developing Countries», Third
World Planning Review XV, 1 (1993), pp. 23-35.
reestructuración urbana mediante la «destrucción creativa», que tiene casi
siempre una dimensión de clase, dado que son los pobres, los no privilegiados
y los marginados del poder político quienes sufren primeo y en
mayor medida las consecuencias de este proceso en el que la violencia
es necesaria para construir el nuevo mundo urbano a partir de las ruinas
del viejo. Haussmann desgarró los viejos barrios pobres de París, utilizando
el poder de la expropiación en nombre de la mejora y la renovación
cívicas, e implementó deliberadamente la expulsión de buena parte de la
clase obrera y de otros elementos levantiscos presentes en el centro de
la ciudad, donde constituían una amenaza al orden público y al poder.
Creó una forma urbana en la que pensaba –incorrectamente, como se demostró
en 1871– que, con niveles suficientes de vigilancia y control militar,
podría garantizarse que los movimientos revolucionarios serían domeñados
con facilidad. Sin embargo, como Engels señalo en 1872:
En realidad, la burguesía dispone únicamente de un método para resolver el
problema de la vivienda de modo vacilante, es decir, resolverlo de modo que
la solución continuamente reproduzca de nuevo el problema. Este método se
llama «Haussmann» […] No importa qué diferentes puedan ser las razones, el
resultado siempre es el mismo; los escandalosos callejones y callejuelas desaparecen
acompañados por las generosas autoalabanzas de la burguesía que
explican el tremendo éxito cosechado, pero reaparecen de nuevo inmediatamente
en algún otro sitio […] La misma necesidad económica que los produjo
en una primera ubicación, los reproduce en otro lugar10.
Llevó más de cien años completar el aburguesamiento del centro de París,
con las consecuencias vistas en los recientes levantamientos y en la ola de
violencia que sacudió los suburbios aislados que atrapan a los migrantes
marginados y a los trabajadores y jóvenes desempleados. Lo triste en este
caso, por supuesto, es que la situación descrita por Engels se reproduce
de modo recurrente a lo largo de la historia. Robert Moses «empuñó el hacha
en el Bronx», según sus propias palabras, cosechando largos y ruidosos
lamentos de los grupos y movimientos vecinales. En el caso de París
y Nueva York, una vez que el poder de las expropiaciones del Estado ha
sido objeto de resistencia y contención exitosas, se desencadena una progresión
más insidiosa y cancerosa a través de la disciplina presupuestaria
municipal, la especulación inmobiliaria y la zonificación del uso del suelo
de acuerdo con la tasa de beneficio de su «más elevado y mejor uso». Engels
comprendió esta secuencia de modo más que certero:
El crecimiento de las grandes ciudades modernas concede al suelo localizado
en determinadas áreas, particularmente en aquellas que se hallan centralmente
situadas, un incremento artificial y colosal de su valor. Los edificios erigidos
sobre las mismas deprimen su valor en vez de incrementarlo, porque dejan de
estar adaptados a circunstancias que no dejan de modificarse, siendo entonces
33
ARTÍCULOS
10 Friedrich Engels, The Housing Question, Nueva York, 1935, pp. 74-77.
derribados y sustituidos por otros, lo cual sucede sobre todo con las viviendas
de los trabajadores que se hallan ubicadas en los centros de las ciudades y cuyas
rentas, incluso forzando al máximo su congestión, nunca pueden, o lo hacen
muy lentamente, incrementarse por encima de determinado máximo. Son
demolidas y en su lugar se construyen tiendas, almacenes y edificios públicos11.
Aunque esta descripción fue escrita en 1872, es aplicable directamente al
desarrollo urbano contemporáneo en gran parte de Asia –Delhi, Seúl,
Bombay–, así como a los procesos de gentrificación de Nueva York. En
el corazón de la urbanización característica del capitalismo radica un proceso
desplazamiento y lo que yo denomino «acumulación por desposesión
»12. Se trata de la contraimagen de la absorción de capital mediante el
redesarrollo urbano, que da lugar a numerosos conflictos en torno a la
captura de suelo valioso en manos de las poblaciones de renta baja que
han podido vivir en esas ubicaciones durante muchos años.
Considérese el caso de Seúl durante la década de 1990: las empresas de
construcción y los promotores inmobiliarios contrataron escuadras de matones
con complexión de luchadores de sumo para invadir los barrios de
las colinas de la ciudad, que no sólo demolieron y destrozaron las viviendas
sino también todas las pertenencias de aquellos que habían construido
sus propias casas durante la década de 1950 en terrenos que se habían
convertido ahora en suelo de gran valor. Edificios de gran altura, que
no muestran traza alguna de la brutalidad que permitió su construcción,
cubren ahora la mayoría de esas colinas. En Bombay, entretanto, 6 millones
de personas oficialmente consideradas como chabolistas se hallan instaladas
en terrenos sobre los que no poseen título legal alguno; todos los
mapas de la ciudad dejan estos lugares en blanco. Con la pretensión de
convertir Bombay en un centro financiero global digno de rivalizar con
Shanghai, el boom inmobiliario se ha intensificado y el suelo que ocupan
estos habitantes ilegales parece cada vez más valioso. Dharavi, una de las
áreas urbanas hiperdegradadas más prominentes de Bombay, se estima
que puede tener un valor de 2 millardos de dólares. La presión para desalojarla
–aduciendo razones ambientales y sociales que ocultan el apoderamiento
del suelo– asciende día tras día. Los poderes financieros, respaldados
por el Estado, presionan para que se produzca un desalojo por la
fuerza, con la intención de apropiarse violentamente de terrenos en algunos
casos ocupados durante una generación. Se trata de acumulación de
capital mediante booms de actividad inmobiliaria, ya que el suelo se adquiere
prácticamente sin ningún coste.
¿Será compensada la gente que es desplazada? Los afortunados obtendrán
algo, pero aunque la Constitución india especifica que el Estado tiene la
34
ARTÍCULOS
11 Ibid., p. 23
12 D. Harvey, The New Imperialism, Oxford, 2003, capítulo 4 [ed. cast.: El nuevo imperialismo,
Madrid, Akal, 2004].
obligación de proteger las vidas y el bienestar del conjunto de la población,
con independencia de la clase o la casta, y de garantizar los derechos
a la vivienda y el alojamiento, el Tribunal Supremo ha dictado sentencias
que reescriben esa exigencia constitucional. Como los habitantes
de esas áreas urbanas hiperdegradadas son ocupantes ilegales y muchos
no pueden demostrar de modo irreprochable una residencia prolongada,
no tienen derecho de compensación. Conceder tal derecho, afirma el
Tribunal Supremo, equivaldría a recompensar a los rateros por sus acciones,
de modo que los ocupantes ilegales, o bien resisten y luchan, o bien
se trasladan con sus pocas pertenencias para acampar en los márgenes de
las autopistas o donde puedan encontrar un reducido lugar para instalarse13.
Ejemplos de desposesión pueden encontrarse también en Estados
Unidos, aunque éstos tienden a ser menos brutales y más legalistas: el derecho
del Estado al dominio eminente ha sido objeto de abuso a fin de
desplazar a residentes establecidos en viviendas razonables en beneficio
de usos del suelo de mayor importancia como grandes edificios de viviendas
y centros comerciales. Cuando tal comportamiento llegó al Tribunal
Supremo estadounidense, los jueces sentenciaron que era constitucional
que las autoridades locales se comportasen de ese modo para incrementar
la base imponible de sus impuestos sobre la propiedad14.
En China, millones de personas están siendo desposeídas de los espacios
que han ocupado durante largo tiempo, ascendiendo a 3 millones únicamente
en Pekín. Como carecen de derechos de propiedad privada, el Estado
puede simplemente desplazarlos por decreto, ofreciendo un pequeño
pago en metálico para ayudarles en su nueva situación, antes de conceder
con gran beneficio el suelo a los promotores. En algunos casos, la
gente se ha movido voluntariamente, pero abundan las noticias de casos
de gran resistencia, que son respondidos con una represión brutal por el
Partido Comunista. En China abundan los casos de desplazamientos de
población en los márgenes rurales, que ilustran el significado de la idea
de Lefebvre, visionariamente articulada en la década de 1960, de que la
distinción entre lo urbano y lo rural se estaba disolviendo en un conjunto
de espacios porosos de desarrollo geográfico desigual bajo el poder
hegemónico del capital y del Estado. Esto ha sucedido en India, donde
los gobiernos central y estatal favorecen ahora el establecimiento de Zonas
Económicas Especiales, supuestamente para el desarrollo industrial,
aunque la mayoría del suelo se dedica a la urbanización. Esta política ha
conducido a enconadas batallas contra los productores agrícolas, cuyo
epítome fue la masacre de Nandigram en Bengala occidental en marzo de
2007, orquestada por el gobierno marxista del estado. El intento de encontrar
terrenos para el Grupo Salim, un conglomerado indonesio, por
parte del gobierno del PCI (marxista) se saldó con el envío de la policía
35
ARTÍCULOS
13 Usha Ramanathan, «Illegality and the Urban Poor», Economic and Political Weekly, 22 de
julio de 2006; Rakesh Shukla, «Rights of the Poor. An Overview of Supreme Court», Economic
and Political Weekly, 2 de septiembre de 2006.
14 Kelo versus New London, CT, decidió el 23 de junio de 2005 en el caso 545 US 469 (2005).
36
ARTÍCULOS
15 Gran parte de estas ideas provienen del libro de Hernando de Soto, The Mystery of Capital.
Why Capitalism Triumphs in the West and Fails Everywhere Else, Nueva York, 2000; véase
también el análisis crítico de Timothy Mitchell, «The Work of Economics. How a Discipline Makes
its World», Archives Européennes de Sociologie XLVI, 2 (agosto de 2005), pp. 297-320.
16 Mike Davis, Planet of Slums, Londres y Nueva, 2006 [ed. cast.: Planeta de ciudades miseria,
Madrid, Foca, 2007].
para dispersar a los habitantes del pueblo, de los cuales 14 murieron y
docenas fueron heridos. Los derechos de propiedad en este caso no proporcionaron
ninguna protección.
¿Qué opinar, por otro lado, de la propuesta aparentemente progresista de
conceder derechos de propiedad privada a las poblaciones que ocupan
ilegalmente, proporcionándoles activos que les permitirían salir de la pobreza?
15. Un plan de este tipo se está discutiendo ahora para las favelas
de Rio de Janeiro, por ejemplo. El problema es que los pobres, asediados
por la inseguridad de su renta y frecuentes dificultades financieras, pueden
ser persuadidos fácilmente de vender ese activo por un pago en metálico
relativamente bajo. Los ricos habitualmente rechazan renunciar a
sus activos de valor sin importar lo elevado que pueda ser el precio ofrecido
por ellos, lo cual explica por qué Moses pudo empuñar el hacha en
el Bronx de rentas bajas, pero no en la rica Park Avenue. El efecto duradero
de la privatización de la vivienda social en Gran Bretaña por Margaret
Thatcher ha sido crear una estructura de alquileres y precios en toda
el área del Londres metropolitano que impide a los grupos de renta baja
o incluso de clase media el acceso a una vivienda en punto alguno próximo
al centro urbano. Apuesto que en quince años, si continúan las tendencias
actuales, la totalidad de las colinas de Rio de Janeiro ocupadas
por favelas estarán cubiertas por altos edificios de viviendas con vistas fabulosas
sobre la idílica bahía de la ciudad, mientras que los anteriores habitantes
de aquéllas habrán sido filtrados a alguna remota periferia.
Formular demandas
La urbanización, podemos concluir, ha desempeñado un papel crucial en
la absorción de los excedentes de capital, siempre a una escala geográfica
cada vez mayor, pero al precio de un proceso impresionante de destrucción
creativa que ha desposeído a las masas de todo derecho a la ciudad, cualesquiera
que sean éstos. El planeta como terreno de construcción choca
con el «planeta de ciudades miseria»16. Periódicamente esto acaba en revuelta,
como en París en 1871 o en Estados Unidos tras el asesinato de
Martin Luther King en 1968. Si, como parece probable, las dificultades
presupuestarias crecen y la hasta ahora exitosa fase neoliberal, posmoderna
y consumista de urbanización capitalista mediante la absorción de excedente
llega a su fin y se desencadena una crisis de mayores dimensiones,
entonces se plantea la siguiente pregunta: ¿dónde está nuestro 1968
o, dicho más llamativamente, nuestra versión de la Comuna? Como sucede
con el sistema financiero, la respuesta va a ser mucho más compleja
precisamente porque el proceso urbano presenta ahora un alcance global.
Los signos de rebelión se prodigan por doquier: el malestar en China
e India es crónico, las guerras civiles desgarran África, América Latina
está en fermento. Cualquiera de estas revueltas podría ser contagiosa. A
diferencia del sistema financiero, sin embargo, los movimientos urbanos
y periurbanos de oposición, que abundan en todo el mundo, no se ha-
llan estrechamente interrelacionados; de hecho, la mayoría no tienen conexión
entre sí. Si algo los hiciera conectarse entre sí, ¿qué exigirían?
La respuesta a esta última pregunta es realmente simple en teoría: mayor
control democrático sobre la producción y utilización del excedente. Dado
que el proceso urbano es un canal esencial de uso del excedente, instituir
una gestión democrática sobre su despliegue urbano constituye el derecho
a la ciudad. A lo largo de la historia capitalista, parte del plusvalor
ha sido gravado fiscalmente, y durante las fases socialdemócratas la proporción
a disposición del Estado ha crecido de modo significativo. El proyecto
neoliberal de los últimos 30 años ha estado orientado hacia la privatización
de ese control. Los datos del conjunto de países de la OCDE
muestran, sin embargo, que la parte gestionada por el Estado del producto
bruto se ha mantenido prácticamente constante desde la década de
197017. El mayor logro del asalto neoliberal ha sido, por consiguiente, impedir
que la cuota pública se expandiese como lo hizo durante la década
de 1960. El neoliberalismo también ha creado nuevos sistemas de governance
que integran los intereses del Estado y de las empresas, y que,
mediante el uso del poder del dinero, han asegurado que la utilización
del excedente a través de la Administración pública favorezca al capital
corporativo y a las clases dominantes a la hora de conformar el proceso
urbano. Incrementar la proporción del excedente detentado por el Estado
únicamente tendrá un impacto positivo si éste es sometido de nuevo
a control democrático.
Es obvio que el derecho a la ciudad está cayendo cada vez más en manos
de intereses privados o cuasi privados. En Nueva York, por ejemplo,
el milmillonario alcalde Michael Bloomberg está remodelando la ciudad
en sintonía con los promotores, Wall Street y los elementos de la clase capitalista
transnacional, promoviéndola como una ubicación óptima para
las empresas de alta gama y un destino fantástico para los turistas. Está
convirtiendo Manhattan en una inmensa comunidad vallada para los ricos.
En Ciudad de México, Carlos Slim había remodelado las calles del
centro para agradar la mirada de los turistas. Pero no sólo se trata de que
individuos ricos ejerzan un poder directo. En la ciudad de New Haven,
carente de recursos para la reinversión urbana, está Yale, una de las universidades
más ricas del mundo, que está rediseñando gran parte del tejido
urbano para adaptarlo a sus necesidades. Johns Hopkins University
está haciendo lo propio con la zona oriental de Baltimore, y Colombia
University planea hacer lo mismo respecto a determinadas áreas de Nueva
York: ambas iniciativas han desencadenado movimientos vecinales de
resistencia. El derecho a la ciudad, tal como se halla hoy constituido, se
encuentra demasiado restringido, en la mayoría de los casos, a una reducida
elite política y económica que se halla en condiciones cada vez más
de conformar las ciudades de acuerdo con sus propios deseos.
37
ARTÍCULOS
17 OECD Factbook 2008. Economic, Environmental and Social Statistics, París, 2008, p. 225.
Cada mes de enero, la Oficina del Interventor del Estado de Nueva York
publica una estimación del total de bonos pagados por Wall Street durante
los anteriores 12 meses. En 2007, un año desastroso para los mercados
financieros desde todo punto de vista, esos bonos ascendieron a 33,2 millardos
de dólares, tan sólo un 2 por 100 menos que el año anterior. A
mediados del verano de 2007, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo
inyectaron miles de millones de dólares en créditos a corto plazo
en el sistema financiero para asegurar su estabilidad, y posteriormente la
Fed redujo espectacularmente los tipos de interés e inyectó enormes cantidades
de liquidez cada vez que el índice Dow amenazaba con caer estrepitosamente.
Entretanto, aproximadamente dos millones de personas
han perdido o están a punto de perder sus viviendas por la ejecución de
sus hipotecas. Muchos barrios urbanos e incluso comunidades periurbanas
en Estados Unidos han sido clausuradas y vandalizadas, destrozadas
por las prácticas prestamistas de las instituciones financieras. Esta población
no percibe bonos. En realidad, dado que la ejecución hipotecaria significa
la condonación de la deuda, lo cual es considerado como una renta en Estados
Unidos, muchos de los expulsados se enfrentan a una importante
carga tributaria en concepto de impuesto sobre la renta por un dinero que
nunca estuvo en sus manos. Esta asimetría no puede entenderse sino
como una contundente y masiva forma de confrontación de clase. Está
desencadenándose un «Katrina financiero», que amenaza, convenientemente
para los promotores inmobiliarios, con barrer barrios enteros de
renta baja ubicados en terrenos potencialmente de alto valor situados en
el centro de las ciudades, de forma mucho más eficaz y rápida de lo que
sería posible con los expedientes de expropiación forzosa.
Durante el siglo XXI veremos surgir una oposición coherente a estas pautas
de comportamiento. Existen ya, por supuesto, una gran cantidad de
diversos movimientos sociales que se concentran en la cuestión urbana,
desde India y Brasil hasta China, España, Argentina y Estados Unidos. En
2001, se insertó un anexo sobre la ciudad en la Constitución brasileña,
fruto de la presión ejercida por los movimientos sociales, que reconocía
el derecho colectivo a la ciudad18. En Estados Unidos, se ha sugerido que
los 700 millardos de dólares destinados a rescatar a las instituciones financieras
se entreguen a un Banco para la Reconstrucción que serviría para
evitar las ejecuciones hipotecarias y financiar proyectos para revitalizar los
barrios y renovar las infraestructuras municipales. La crisis urbana que
está afectando a millones de personas se pondría por delante de las necesidades
de los grandes inversores y financieros. Desafortunadamente,
los movimientos sociales no son lo suficientemente fuertes como para imponer
esta solución, ni han convergido todavía en torno al objetivo singular
de obtener un mayor control sobre los usos del excedente y mucho
menos sobre las condiciones de su producción.
38
ARTÍCULOS
18 Edésio Fernandes, «Constructing the “Right to the City” in Brazil», Social and Legal Studies
XVI, 2 (junio de 2007), pp. 201-219.
39
ARTÍCULOS
En este momento de la historia, ésta tiene que ser una lucha global, predominantemente
con el capital financiero, ya que ésta es la escala a la
que trabajan en la actualidad los procesos de urbanización. Obviamente,
la tarea política de organizar tal confrontación es difícil, cuando no apabullante.
Sin embargo, las oportunidades se multiplican, porque, como
demuestra este breve texto, las crisis estallan recurrentemente en torno a
la urbanización tanto local como globalmente, y las metrópolis se han
convertido en el punto de colisión masiva –¿nos atrevemos a llamarlo lucha
de clases?– de la acumulación por desposesión impuesta sobre los
menos pudientes y del impulso promotor que pretende colonizar espacio
para los ricos.
Dar un paso adelante para unificar estas luchas supone adoptar el derecho
a la ciudad como eslogan práctico e ideal político, porque el mismo
plantea la cuestión de quién domina la conexión necesaria entre urbanización
y producción y utilización del excedente. La democratización de
ese derecho y la construcción de un amplio movimiento social para hacerlo
realidad son imprescindibles si los desposeídos han de recuperar el
control sobre la ciudad del que durante tanto tiempo han estado privados,
y desean instituir nuevos modos de urbanización. Lefebvre tenía razón
en insistir en que la revolución tiene que ser urbana, en el más amplio
sentido de este término, o no será.
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POSICIÓN DE LA CÁTEDRA CON RESPECTO A LA REVISIÓN DEL PECU

Concepción del Uruguay, Abril de 2010.-
Señores
Consejo de Revisión del
Plan Estratégico de Concepción del Uruguay
S / D
Los abajo firmantes, docentes de la Cátedra de Planificación Urbanística de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Concepción del Uruguay, nos sentimos en la obligación de dirigirnos a ustedes para plantear nuestra posición con respecto a la convocatoria para participar en la reformulación del Plan Estratégico de Concepción del Uruguay.

En primer lugar manifestamos que se debería haber previsto la participación de la comunidad desde el inicio, colaborando en la enunciación de los propósitos y estableciendo, sobre todo, reglas claras de funcionamiento, para lo cual es preciso acordar una metodología de trabajo participativa, a partir de un estudio profundo de los actores sociales que han acompañado históricamente los procesos de planificación y gestión locales y quienes están cumpliendo actualmente roles significativos en el mejoramiento de la calidad de vida de la población uruguayense. Además, debería haber un compromiso cierto acerca de la continuidad del proceso a través de su institucionalización y de una articulación efectiva entre el plan y las estructuras de gestión del municipio como coordinador y garante de su realización.
En segundo lugar no entendemos cómo se puede reformular o revisar aquello que nunca fue puesto en marcha. Tal como se plantea en el documento, existe una gran confusión entre el Plan Estratégico y el Código de Ordenamiento Urbano, que es solo una de las respuestas al 4º eje estratégico; por lo tanto lo que fue consensuado en el PECU, con la coordinación del Arq. Alfredo Garay, al no haber sido aplicado no es sencillo de evaluar; y por lo tanto requiere una acción coordinada, interdisciplinaria e interinstitucional, con instancias de debate que no pueden de ninguna manera agotarse en uno o dos meses de trabajo en el marco de talleres.
Pero además el Código de Ordenamiento Urbano, como norma administrativa, sin un plan de desarrollo territorial que le de coherencia y sentido, está sometido a continuas reformas aisladas y excepciones, que lo convierten en una herramienta inadecuada por su falta de transparencia para orientar y ordenar el crecimiento y la expansión de la ciudad. Frecuentemente se resalta su carácter restrictivo, y evidentemente en parte lo puede ser, pero debe quedar claro que el caos urbanístico y la expansión descontrolada – muchas veces fomentada desde el propio Estado – no pueden atribuirse al Código sino en todo caso a la ausencia de un plan y de una política de gestión del suelo urbano que lo movilice, recupere terrenos ociosos, y evite que la especulación inmobiliaria repercuta negativamente en las posibilidades de brindar una mejor calidad de vida a todos los uruguayenses.
A la falta de compromiso de los actores políticos y sociales para la aplicación de los Ejes Estratégicos del PECU debe agregarse que han surgido en los últimos tiempos iniciativas presentadas por organismos provinciales y/o del sector privado, que no sólo no registran el más mínimo antecedente en planes anteriores ni responden a demandas de ningún actor social, sino que colisionan frontalmente con líneas de acción previstas en el PECU. Así, por sólo citar un ejemplo, el Eje Estratégico 4 del PECU consistía en “implementar un plan urbanístico para la ciudad de Concepción del Uruguay”. La primer línea de acción proponía “la puesta en funcionamiento de nuevos mecanismos de gestión del desarrollo urbano, que garanticen su consistencia técnica, la participación ciudadana, la construcción de los consensos, la implementación de los programas y la continuidad de los planes más allá de la alternancia de los partidos políticos en el ejercicio del poder”. Dentro de esta línea de acción figuraba la creación de la oficina del plan, de modo tal de garantizar la institucionalización permanente del proceso de planificación, algo que obviamente sigue esperando ser realidad luego de 12 años, aunque el Municipio cuenta con una herramienta como el Sistema de Información Geográfica, que permitiría tener actualizado el estado de situación del Plan, en el día a día. Otra línea de acción dentro de este eje estratégico se refería a las “grandes intervenciones de urbanismo”. Uno de los puntos previstos era el llamado a concurso de proyectos para la remodelación del Mercado Municipal, iniciativa sobre la que no sólo no se avanzó sino que se desechó a favor de su cesión por 50 años a un grupo empresario, en el marco de un proceso situado en las antípodas de la consistencia técnica, la participación ciudadana, y la construcción de consensos.
Un factor negativo que genera desconfianza y plantea una suerte de divorcio entre la teoría de la planificación y la realidad concreta de la gestión urbana es la virtual “privatización” del rol planificador del Estado municipal configurado en la toma de decisiones trascendentes vinculadas a la localización de grandes equipamientos, en el marco de la ordenanza de “iniciativa privada”, sin estar articulado en un plan de desarrollo territorial.
Los ciudadanos uruguayenses tienen derecho a tener un equipo local de planificación que trabaje de manera permanente y no ser solamente convocados por consultores externos en períodos acotados que producen documentos de difícil articulación con la gestión, porque los procesos de gestión vinculados a los objetivos planteados deben ser asumidos por actores que no están preparados o que no están habilitados para ello.
Desde esta cátedra consideramos imprescindible la participación social amplia y permanente en este tipo de procesos. Pero sucede que al no contar con marcos de institucionalización del proceso de planificación previamente acordados, se corre el riesgo de caer en una tergiversación de los aportes de los actores sociales, que por lo tanto en algunos casos se retiran del proceso o en otros directamente desconocen de qué se trata. Son numerosos los sectores que perciben que en tanto y en cuanto participen, sin reglas de juego claramente establecidas y aceptadas, quedará instituido que su sola presencia se podrá interpretar como un aval a definiciones sobre las que hace falta un profundo debate.
Resulta imprescindible priorizar el inicio de un “proceso” continuo de planificación, y debe dejarse a un lado la idea que señala que el “producto” de esta instancia será una “cartera de proyectos”, término que de por sí genera el resquemor acerca de la previsible intención de legitimar un conjunto de iniciativas que configuran claros ejemplos de antiplanificación,. En ese sentido, tal cómo se expresa en el Documento de Hábitat publicado en el blog de la revisión del PECU 2010, “es necesario pensar tanto en términos de “productos” (políticas revisadas, borradores de leyes, sistemas de información del suelo, etc.) y “procesos” (cómo obtener los acuerdos necesarios para llegar a estos productos). La política perfecta o la solución técnica perfecta es inútil si las diferentes partes interesadas no están convencidas, y es muy probable que la rechacen si no han estado involucradas desde el inicio del proceso”. A lo que deberíamos agregar la necesidad de revertir la indefinición acerca de cómo se van a implementar las acciones acordadas en el día a día de la gestión cotidiana.
Consideramos importante que nuestra cooperación no se constituya como un hecho discordante, cuando no contradictorio, con nuestra responsabilidad en la formación de arquitectos urbanistas y planificadores, y con nuestra prédica de siempre a favor de una práctica genuina de planificación participativa.
Atentamente
Arq. José Antonio Artusi Arq. Patricia Costa Arq. Pur. Graciela Falivene
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domingo, 28 de marzo de 2010

Los pobres piden voz en planificación de ciudades en el Foro Urbano de la ONU

"Discutan la agenda urbana con los pobres. Desafiamos a las autoridades a que nos abran la puerta", dijo hoy la directora de la organización no gubernamental Pobres Urbanos de Sudáfrica, Rose Molokoane, en un debate sobre el derecho a la ciudad.

En este foro, la ministra de la Vivienda de España, Beatriz Corredor, abogó por utilizar un "enfoque integrador" en el urbanismo para recuperar y rehabilitar los centros de las ciudades.
La recuperación del centro contribuiría a "unir el tejido urbano" y evitar que los pobres se vean abocados a vivir en la periferia, donde el transporte es más caro y los servicios sociales menores, según Corredor.
La ministra subrayó que la Unión Europea, cuya presidencia semestral tiene España, "defiende un modelo de ciudad compacta frente a los graves inconvenientes de la urbanización dispersa, difusa o desordenada".
Para la activista sudafricana Rose Molokoane, vecina en un barrio de chabolas de Pretoria, si se promueve el diálogo social, "los vecinos darán la solución a los conflictos más complicados".
Según Molokoane, en algunas ciudades de su país se ha decretado el desahucio de varios barrios de chabolas, levantados hace varias décadas, con motivo de la organización del campeonato Mundial de Fútbol, el próximo junio.
Esta medida "destruye el sentido de comunidad y de pertenencia", y se podría haber encontrado una alternativa si se hubiese tenido en cuenta a la comunidad, aseguró.
El estadounidense David Harvey, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y uno de los creadores del concepto del derecho a la ciudad, coincidió en que es preciso dar a los ciudadanos el derecho de "decidir en qué ciudad quieren vivir".
"No es sólo tener acceso a los servicios, sino también a la definición de una urbanización diferente. Ese derecho fue retirado de la población en los últimos treinta años por las prácticas neoliberales", aseguró Harvey en el debate.
En línea con estos participantes, el alcalde de Grenoble y presidente de la asociación de grandes ciudades de Francia, Michel Destot, afirmó que en los años 60 y 70 se orquestó un "apartheid social" al relegar a los pobres e inmigrantes a la periferia de las grandes ciudades.
Y a juicio del urbanista brasileño Edesio Fernandes el papel del planificador urbano "no es inocente" porque es quien determina el precio del suelo y relega al pobre a los suburbios o le obliga a construir su propia casa ilegalmente.
Fernandes hizo hincapié en la necesidad de acometer una reforma jurídica, necesaria para terminar con un modelo de "urbanización elitista", muy común en América Latina, que no reconoce el derecho al acceso al suelo.
"Si se quiere construir una ciudad inclusiva, se debe erradicar la irregularidad de los asentamientos, acometiendo reformas jurídicas que le den a los pobres derechos sobre sus viviendas", dijo.
El Foro Urbano de la ONU, que se celebra en Río de Janeiro, organiza un centenar de debates hasta el próximo viernes, en los que autoridades y representantes de la sociedad de todo el mundo discuten cómo mejorar la vida en las ciudades. EFE mp/joc/vv
Fuente: http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=321031
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jueves, 18 de marzo de 2010

La ciudad, segunda naturaleza

Por JOSEP MARIA MONTANER
El sociólogo estadounidense Lewis Mumford escribió en su libro Técnica y civilización, de 1934: ‘Si el hombre se encuentra raramente en estado natural, sólo es porque la naturaleza es modificada constantemente por la técnica’. Y las ciudades, precisamente, constituyen esta segunda naturaleza para el ser humano, lugar de acogida que ofrece a las personas los medios y las condiciones que en la naturaleza no puede encontrar: cobijo, sanidad, enseñanza, trabajo, cultura, sociabilidad.

La ciudad puede interpretarse como un gran bosque tecnológico que acoge a las personas, a las que ya han nacido allí y a las que se desplazan de sus contextos depauperados intentando abandonar la miseria y buscando los frutos de un entorno urbano, esta segunda naturaleza, que les ofrezca las posibilidades que en su bosque original ya no pueden encontrar, generalmente por agotamiento o mala gestión de los recursos, por injusticias endémicas o por falta de trabajo.
El pasado mes de abril, al pasar por Barcelona para recoger el II Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana, el arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha hablaba de la ciudad como gran soporte técnico que debe aportar unas infraestructuras urbanas, de saneamiento, salud y cultura lo más potentes y ricas posible, desde la certeza de que la ciudad es ya nuestra naturaleza artificial, configurada con las herramientas que el ser humano ha ido desarrollando. Desde esta óptica, la ciudad ha de ser abierta, solidaria y acogedora: una gran plataforma hecha de infraestructuras y servicios que atiende a los hombres y mujeres que acceden a ella.
Precisamente una de las obras más emblemáticas de la arquitectura actual, inaugurada en febrero de 2001, es la Mediateca en Sendai, Japón, del arquitecto Toyo Ito. Realizada con el máximo cuidado y presupuesto, con esmero intelectual, técnico y formal, este gran prisma liviano y lleno de energía es una especie de plaza pública, cubierta y dispuesta en pisos superpuestos. Cada día, centenares de usuarios, desde adolescentes hasta ancianos, acceden con total libertad y se pasan horas escuchando música, leyendo libros y revistas, viendo vídeos, usando ordenadores, conectándose a Internet, asistiendo a conferencias y debates. En el futuro, los espacios públicos de las grandes ciudades no sólo van a ofrecer aire libre, bancos y quioscos, sino también conexiones, pantallas de información y sistemas de comunicación; por tanto, serán en parte entornos protegidos y cubiertos. De la misma manera que en los siglos XIX y XX se iba a pasear para ver escaparates o para sentarse junto a una fuente, en el futuro el espacio público será, además, un lugar donde situarse cómodamente en un soporte ergonómico frente a un ordenador o una red interactiva. El derecho a la ciudad no sólo exige espacios públicos tradicionales, sino también potentes focos infraestructurales de información, comunicación, creatividad.
En el futuro, los espacios públicos de las grandes ciudades no sólo van a ofrecer aire libre, bancos y quioscos, sino conexiones y pantallas de información
Pero cuando en vez de seguir su sentido, la ciudad no acoge a sus inmigrantes, expulsa a los que no tienen recursos para pagar alquileres o plazos, desaloja a los okupas que critican un sistema injusto de propiedad inmobiliaria, se cierra con miles de policías para imponer el orden, entonces, cuando la ciudad no es acogedora, se convierte en un monstruo que escupe, en un engendro especulativo e insolidario, en una creación humana que deja de cumplir la misión para la cual fue creada y para la cual ha ido evolucionando.
En este sentido, en los dos últimos meses dos ciudades europeas -Génova y Barcelona- han dado ejemplos nefastos. Génova, en julio, por la brutal represión del movimiento antiglobalización. Barcelona, en agosto, al desalojar primero y detener a traición después a una parte de los inmigrantes que dormían en la plaza de André Malraux. En este caso, los sindicatos, organizaciones sociales y partidos políticos que han ayudado a los inmigrantes han sabido continuar la responsabilidad de hacer ciudad; en cambio, las instituciones han caído en la vergüenza de ser antisolidarias y en el ridículo de su ineptitud, incapaces de entender la esencia de la ciudad: una segunda naturaleza que los mismos ciudadanos hacen solidaria a pesar de los que gobiernan.

Fuente: http://www.contexto.com.ar/vernota.php?id=20493

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jueves, 25 de febrero de 2010

Seminario – Taller de Actualización Profesional

“UNA VISIÓN URBANA DE LA VIVIENDA SOCIAL.HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE INDICADORES DE SOSTENIBILIDAD”

Modalidad del Seminario -Taller: Se realizarán actividades teórico - prácticas. El desarrollo del Seminario es simultáneo con las clases planificadas desde la cátedra de Planeamiento. Se le entregará a cada participante un CD con material de estudio y documentos de lectura obligatoria. El Seminario estará a cargo de la Arq. Graciela Falivene, especialista en planificación urbana y regional, docente titular de la cátedra de Planeamiento de la Facultad de Arquitectura de la UCU desde el año 1986. Serán sus colaboradores la Arq. Patricia Costa y el Arq. José Antonio Artusi.
Destinado a profesionales de la Arquitectura y la Ingeniería ; funcionarios del área y de Institutos de Vivienda; profesionales y asesores de Sindicatos y público en general.
Fecha de inicio: sábado 20 de Marzo de 2010.
Duración: 7 semanas, hasta el 8 de Mayo de 2010.
Días de asistencia: viernes de 17 a 21 horas, y sábados de 8:30 a 12:30 horas.
Costo de inscripción y cursado: Graduados y Docentes UCU: $ 100,00
Otros: $ 150,00
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domingo, 7 de febrero de 2010

Muros contra la Ciudad

Por Jordi Borja
¿Los muros son la negación de la ciudad? Si, pero no siempre fue así. Las ciudades nacieron y se desarrollaron para ofrecer protección al intercambio de bienes y servicios. Y para que unas colectividades de poblaciones diversas por sus orígenes y actividades pudieran convivir pacíficamente en un mismo territorio. Las murallas o los emplazamientos que facilitaban la defensa frente a los enemigos externos estaban destinados a hacer realidad el lema "el aire de la ciudad nos hace libres". Eran épocas en que las ciudades se defendían de piratas, bandas armadas, señores de la guerra que pretendían saquearlas. A priori, los "extranjeros" eran considerados enemigos potenciales de los ciudadanos.


¿Pero actualmente los muros de quienes nos protegen? El muro de Berlín protegía a los ciudadanos del Este de la tentación del "consumismo" del Oeste que agencias públicas y empresas publicitaban y ofrecían como frutos apetecibles de un oasis tan cercano físicamente como lejano políticamente. Los muros entre Israel y la población palestina protegen a la población judía en su expansión territorial sobre las tierras de los palestinos expulsados de las mismas y en el caso de Jerusalén sirve de elemento de control y exclusión del casi millón de palestinos que utilizan cotidianamente como mano de obra barata y desprotegida. El muro de la frontera entre México y Estados Unidos, que separa ciudades tan próximas e interrelacionadas como Tijuana y San Diego, más de lo mismo: expresa la voluntad de sobreexplotar una mano de obra barata utilizando el muro como instrumento de precarización y sometimiento de los trabajadores mexicanos que emigran o que viven como "commuters", durmiendo en un lado y trabajando en otro.
Los muros en las ciudades, en sus periferias difusas o, incluso, en la ciudad compacta y en sus zonas centrales, responden a la misma lógica. No se trata de proteger a los ciudadanos libres sino de excluir a los sectores sociales sobreexplotados o marginados. Los supuestamente protegidos se encierran en sus barrios, "barrios cerrados" se denominan genéricamente y alguno hemos visto cuyo nombre específico era El Encierro. Esta población encerrada renuncia a la ciudad para defender su posición de privilegio respecto a los sectores excluidos.
Lo que distingue a los muros físicos de los virtuales (que también existen y son muy frecuentes pero que no son objeto de este conjunto de textos) es su carácter explícito: se asume formalmente la inclusión de unos y la exclusión de otros. Los muros físicos, si los comparamos con los virtuales, por su violencia y su impunidad, por el desprecio, odio y miedo que expresan con relación a los sectores excluidos, vienen a ser como el fascismo respecto a las democracias formales, no son reformables o mejorables, solo admiten la demolición. No pretendemos obviamente justificar los muros virtuales, estas barreras invisibles que protegen en muchos casos los barrios burgueses, estas normas (explícitas o, en general, tácitas) que excluyen pues el acceso es difícil si se procede de los barrios populares o estos sectores no pueden acceder a sus equipamientos o servicios, o la presión social (cuando no las policías públicas o privadas) hace difícil estar en ellos si no se tiene un determinado color de piel o una vestimenta "adecuada". En bastantes casos es suficiente una determinada configuración urbanística para excluir a los sectores populares: que solo se pueda acceder en auto privado, que no haya ofertas comerciales o de ocio de bajo coste o espacios públicos animados, etc. Por ejemplo: Puerto Madero en Buenos Aires, una zona de ocio para gente bien con fantásticos espacios públicos en su entorno a la que es una aventura acceder si no es con auto. A pesar de que el núcleo central de Buenos Aires (Plaza de Mayo) se encuentra a menos de 300 metros hay que cruzar un entramado de vías más o menos rápidas que cumplen un efecto disuasorio. Otra caso aun más brutal pues se ha explicitado la voluntad de exclusión: la autopista que separa la urbanización del antiguo aeropuerto Cerrillos en Santiago de Chile de los barrios populares de La Victoria y de lo Espejo. Se ha pretendido conscientemente obstaculizar la comunicación entre una zona y otra para atribuir un contenido de clase excluyente (clase media) a una ambiciosa operación de prestigio. Estos y otro ejemplos, violentamente clasistas, se exponen en el dossier América latina de este número de Carajillo.
Los muros a los que nos referimos principalmente en este dossier son aquéllos que por su materialidad visible y la intención explícita de su ejecución pretenden establecer zonas de acceso restringido o forzar a una parte importante de la población de vivir dentro de unos límites reducidos a una parte de la ciudad o zona urbana. Este criterio excluyente también puede expresarse a una escala menor en el acceso a los espacios públicos (plazas o parques cerrados solo accesibles a los que poseen las llaves, por ejemplo).
El fenómeno, por su extensión y variedad, es extenso y complejo. Destacaremos algunos tipos de muros que nos parecen especialmente significativos.
En numerosas ciudades europeas y americanas (y nos referimos a las ciudades compactas, no a sus periferias) se producen procesos de privatización de los espacios públicos. En New York la compañía Disney en la zona central, de ocio, de Broadway. En barrios acomodados de Ciudad de México proliferan las calles cerradas. En Río de Janeiro las viviendas de clase alta y media tienden a cerrar la vereda en frente del edificio con rejas que de hecho impiden o dificultan mucho el paso de los peatones. En Londres, en Paris, en Barcelona, etc., no solo el espacio público esta permanentemente vigilado (presencia policial, cámaras): también se cierran las plazas al anochecer, el mobiliario urbano impide que se formen grupos sentados, etc.
La construcción de muros para separar barrios o partes de la ciudad o entre municipios con continuidad urbana puede responder a dos objetivos distintos, aunque el muro sea similar. En un caso se trata de aislar a una población que se considera non grata por parte del entorno (una villa o favela, un barrio pobre o con mala imagen). Es el caso que exponemos del muro que pretendía separar dos municipios de la periferia de Buenos Aires (San Isidro y San Fernando) o el uso de la autopista como muro en el citado caso de Cerrillo. En otro es cuando lo que se pretende es impedir o controlar el acceso a partes de la ciudad a todos aquéllos que no tengan un determinado status (residentes, propietarios, etc.,). Es el caso de Jerusalén y de tantos conjuntos habitacionales en las ciudades europeas y americanas que se han dotado de policías privadas y de muros y han creado zonas enteras privatizadas, una ciudad "censitaria".
En las periferias fragmentadas o dispersas estos mismos fenómenos se repiten. Se procura aislar a barrios populares y villas o favelas y se multiplican barrios cerrados para sectores medios y altos. En España, durante el franquismo, la construcción de polígonos de vivienda aislados y aislables destinados a sectores populares se convirtió en doctrina. El fenómeno ahora se repite mediante el uso del mercado para segregar a la población de bajos ingresos. En América latina las políticas de vivienda social supuestamente más exitosas, México y Chile, han creado verdaderos guetos de mala calidad, no solo de la vivienda, también de su localización lejos del tejido urbano compacto, con altos costes sociales y ambientales, con equipamientos escasos y vida ciudadana nula (véanse por ejemplo los conjuntos habitacionales entre México D.F. y Puebla o Pachuca, en los que viven decenas cuando no centenares de miles de trabajadores de nivel de ingresos bajo o medio bajo).
El espectacular auge de barrios cerrados para sectores medios y altos en las periferias metropolitanas es un fenómeno nuevo, no tanto por no existir antes algunos casos como por la importancia cuantitativa que ha alcanzado. Estos barrios cuestionan la existencia misma de la ciudad y de las sociedades de ciudadanos. En ellos la combinación del afán de distinción con el miedo al exterior conduce a conductas tan agresivas como suicidas, en términos metafóricos y a veces reales (véase la novela y ahora también película "Las viudas de los jueves").
Los muros de la ciudad deben tener una única respuesta urbanística: su destrucción. La única tarea que corresponde a los profesionales del urbanismo es promover un movimiento social que se plantee la demolición inmediata y directa de los muros destructores de ciudadanía. En estos casos, hacer ciudad empieza por el acto destructor.


Fuente: http://cafedelasciudades.com.ar/carajillo/4_editorial.htm


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lunes, 7 de diciembre de 2009

Urbanismo cerrado y perpetuación de la ciudad dual

Por Josep Centelles i Portella
El presente artículo pretende reflexionar sobre cómo algunas formas urbanas, en concreto lo que el autor denomina “urbanismo cerrado”, no preparan (no educan) a las futuras élites gobernantes para superar las actuales formas de segregación social. Según su autor, la ciudad dual no se da sólo entre lo formal y lo informal, sino que existe otra dualización, la “segregación por arriba”, fruto de la combinación del urbanismo cerrado y del automóvil privado, que nos debería importar mucho porque condiciona decisivamente el buen gobierno de la ciudad

Introducción a modo de glosario.
Urbanismo.
Entendemos por urbanismo el conjunto de técnicas y prácticas para diseñar y gestionar la forma física de la ciudad. Calles, plazas, parques, equipamientos, etc. adoptan una forma física que deseamos que esté al servicio de las personas.
urbanismo es cultura
La ciudad construida (calles, plazas, edificios, ...) es un producto cultural. Cada forma urbana sirve, es o no funcional, para organizar adecuadamente los espacios de residencia, trabajo, recreación y de encuentro relacional de la gente que la habita en el seno de un determinado contexto histórico y social. Pero la forma urbana, a la vez que es el resultado de un proceso cultural de adaptación al medio, es también un fuerte condicionante a la evolución de las prácticas culturales que sobre ella se asientan. La ciudad física se convierte rápidamente en una construcción simbólica, y por lo tanto, en un componente destacado de la identidad cultural de las gentes que la usan.
Si entendemos “la educación” como la transmisión formas culturales, como la recreación de dichas formas en las personas que “se educan”, debemos analizar cómo la ciudad construida nos educa, nos prepara y nos induce a determinados comportamientos. Juzgar si tales comportamientos son correctos o no, corresponderá en cada momento al cuerpo social que los genera, y este juicio se hará en base a los criterios éticos que adopte como deseables.
urbanismo es política local
Ninguna ideología política, ni la más neo-liberal, discute que el urbanismo sea un tema de interés público. La construcción de la ciudad es, por definición, una actividad pública que debería estar bajo el control del gobierno. En la medida en que cada localidad parte de circunstancias diferentes, el nivel de gobierno con mayores competencias en urbanismo es el gobierno local, el Gobierno de la Ciudad. Es por ello que independientemente de las legislaciones específicas de cada país, es normal en el mundo occidental que los gobiernos municipales tengan un elevado nivel de competencias en urbanismo. En la práctica, la forma urbana de nuestras ciudades, a pesar de estar abundantemente condicionada por las leyes y costumbres (constructivas) nacionales, básicamente es fruto de las acciones u omisiones de las diferentes coaliciones locales que acceden al Gobierno Municipal o que lo controlan. Así pues, desde la perspectiva urbanística, a los gobiernos locales se les pide, alta capacidad estratégica, hábil capacidad gestora y mucha autoridad y capacidad coercitiva. Sin duda se trata de atributos que no son alcanzables por gobiernos municipales débiles o poco prestigiados.
Del gobierno y de las élites.
Se puede argumentar que toda comunidad humana está gobernada por representantes fidedignos (dignos y fieles) de sus élites. De forma directa o indirecta, son las élites las que gobiernan, las que deciden sobre la cosa pública. Se puede descargar el término de connotaciones ideológicas y constatar que etimológicamente deriva de “elegido”, “cosa seleccionada”. ¿Elegido por quien?, no importa tanto si, por Dios, por las minorías de propietarios alfabetizados o por el pueblo a través del sufragio universal. Desde otro punto de vista, es bastante lógico que gobiernen las élites. Ciertamente nadie esperará que decidan sobre el conjunto de la comunidad el grupo social menos preparado o menos poderoso de la misma.
Si no hay razón para que nadie se rasgue las vestiduras frente a la afirmación de que normalmente estamos gobernados por élites, a continuación debemos reconocer que hay élites de muchos tipos. Históricamente la mayoría de las élites son conservadoras. Es comprensible, si detentan poder o privilegios, pondrán su máximo empeño en “conservarlos”. Pero la historia nos enseña que a menudo emergen élites innovadoras, progresistas que están por el cambio, que se arriesgan a probar nuevas fórmulas que conducirán a nuevos y mejores equilibrios sociales.
El comportamiento político de las élites gobernantes dependerá mucho de su educación como grupo social.
Cuando aceptamos que lo más frecuente es que estemos gobernados por nuestras élites, resulta paradójico que se hable tan poco de ellas, que se estudien tan poco. Resulta paradójico que nos dediquemos a estudiar mucho las minorías excluidas, los pobres, los analfabetos, los marginados. Nada en contra de todo esto, pero ¿porqué no nos fijamos un poco en cómo son y en qué valores son educadas nuestras élites para poder entender qué es lo que sucede y poder prever cómo actuarán nuestros gobiernos?
Hasta aquí, unos esbozos de lo que entendemos por urbanismo y por élites y gobierno. Rápidamente se puede intuir que son muchos y muy variados los impactos e implicaciones que el urbanismo tiene en la en la educación de la ciudadanía para la convivencia, la cohesión y la justicia social. En el apartado siguiente se analiza cómo determinadas formas urbanas, lo que denominamos “urbanismo cerrado” (cada vez es más frecuente entre los grupos sociales con más recursos en las grandes ciudades latinoamericanas), preparan mentalmente (educan) a las élites gobernantes para mantener y perpetuar la ciudad dual, fracturada e injusta que demasiado a menudo hemos de soportar.
Impacto educativo del “urbanismo cerrado” y élites urbanas.
Algunas perversiones del urbanismo.
No siempre la ciudad construida sale como se había planificado o como fue concebida en la mente del planificador o del gobierno que le contrató. Con frecuencia el resultado, la forma y la función real se escapan de las manos de los planificadores y de los gobernantes.
ciudades duales
Desafortunadamente es frecuente que se construya ciudad sin ninguna planificación, así aparecen los barrios de chabolas, villas miseria, bidonvilles, favelas, etc. totalmente al margen de la legalidad, tanto en la posesión de la tierra, como en su uso. Se trata de la ciudad informal. Se constata la existencia de una ciudad dual, la formal y la informal. Dos mundos: quienes tienen título de propiedad o contrato de alquiler, y quienes no los tienen. Quienes tienen infraestructuras urbanas mínimas, y quienes carecen de todas ellas o las tienen a un nivel muy precario.
A la ciudad informal marginada y marginadora se le han dedicado muchas páginas y muchos estudios, pero, a menudo, pocas acciones de gobierno eficaces. Justamente, estos pedazos de ciudad han surgido del desgobierno o de lo que es lo mismo, de las incapacidades de los gobiernos en prevenirlas, no tanto por la vía urbanística, sino mediante unas políticas globales más redistributivas. Las favelas no son un mero problema urbanístico, son un problema político integral: de empleo digno, de educación, de infraestructuras, de cultura, de desequilibrio y desgarro social, de comercios criminales, etc.
La aparición y la permanencia de favelas se da porqué el marco cultural de las élites dominantes lo tolera, lo acepta y, en buena medida, lo justifica. Aun cuando no sean buscados o deseados explícitamente, el tener subempleo y desempleo en las proximidades, puede reportar notorias ventajas inmediatas derivadas de tener mano de obra barata para muchas cosas. Pero ello conduce también de forma inexorable la inseguridad ciudadana. La inseguridad ciudadana está en el ojo del torbellino de una gran mayoría de los problemas del mal funcionamiento de la ciudad. No como causa, sino como fenómeno derivado de otras causas. Por la vía policial no se acaba con la inseguridad ciudadana.
La dualización de la ciudad entre lo formal y lo informal, sin embargo, no es la única. Existe también otra dualización que es la segregación por arriba, la separación de los grupos con más recursos del resto de la ciudad. Esta segregación está muy marcada por lo que denominaremos “urbanismo cerrado”.
urbanismo cerrado
Existen mecanismos perversos dentro del urbanismo formal, que siendo en buena parte reacción a la falta de seguridad, en lugar de aportar solución al problema, sientan las bases culturales (la educación) para perpetuarlo y reproducirlo. Es lo que vamos a denominar “urbanismo cerrado”, es el urbanismo que pivota sobre el condominio residencial cerrado (gated communities, o gated and secure communities, en inglés de EEUU), el centro comercial cerrado (shooping) y el automóvil privado para desplazarse de uno a otro. Es la negación del encuentro y el intercambio, es la negación de generar oportunidades de colaboración, es la negación de la diversidad, es, en suma, la negación de la ciudad.
condominios privados
No se trata de demonizar per se, ni los denominados shoopings, ni los condominios residenciales cerrados. Ambas modalidades de diseño pueden aportar soluciones interesantes. En un edificio residencial de 10 o 15 plantas, nadie discute la necesidad de una puerta y una portería con funciones de seguridad. Igualmente parece razonable tener unos espacios comunitarios de acceso limitado a las familias que allí residen. Como sucede con la contaminación, el problema llega cuando se superan determinados límites, el problema reside en la generalización del modelo. Unas decenas de vehículos no contaminan la ciudad, muchos millares de carros, sí la contaminan, y mucho! Algunos condominios cerrados, de por sí, son inocuos, podrían formar parte de la diversidad enriquecedora de las formas urbanas y ser reflejo de la diversidad urbana. Es la generalización del modelo hasta hacerse “inevitable” para determinados grupos sociales, lo que resulta terriblemente perverso. Es la exageración del modelo, cuando nos vemos circundados de altos muros y de verjas electrificadas, lo que resulta preocupante.
centros comerciales
Igualmente, nada en contra de los centros comerciales, más bien al contrario, todas las ciudades tienen y necesitan mercados. Los efectos frontera alrededor de los mismos (externalidades del tipo aumento de los precios del suelo, tensión o especialización de los usos del suelo, etc.) en la mayoría de los casos resultan positivos y dan vida diversificada a la ciudad. El problema está en ser obtusamente cerrados. El centro comercial abierto a su entorno urbano, aun cuando existan unos límites claros e incluso la posibilidad de cerrar accesos, genera riqueza y diversidad, mientras que el cerrado genera exclusividad. La seguridad, la limpieza y la climatización, que son los grandes atractivos de los shoopings, se pueden conseguir y se consiguen en multitud de casos, a través de modelos abiertos y permeables que generan externalidades positivas más allá de los estrictos límites del establecimiento.
La tendencia al shooping cerrado y blindado por impenetrables muros cortina, no responde tanto a las lógicas de seguridad, limpieza y climatización, sino a la lógica económica de capturar hasta el último centavo para el shooping y no permitir que nadie en los alrededores saque la más mínima ventaja de su inversión. Quien quiera vender algo, que alquile un local dentro, el exterior es un desierto, y si es inseguro, importa poco. Se trata de la negación de las economías de aglomeración que son la base económica de la ciudad. Estamos, de nuevo, frente a la negación de la propia esencia de la ciudad.
vehículo privado
El tercer elemento para que estos modelos cerrados y segregacionistas funcionen es el vehículo privado. El boom del automóvil ha trastocado la vida de las ciudades. En Europa, con unos niveles de motorización “saturados”[1] y a pesar de que el vehículo privado continúa siendo un elemento de prestigio social, la ciudad no se ha fracturado con la radicalidad que lo ha hecho en Latino América, entre los que poseen vehículo y los que no[2]. Sin embargo son muchas las ciudades de Latino América dónde el urbanismo cerrado está creciendo alarmantemente y la fractura entre los que tienen o no vehículo privado se abre cada vez más. El problema no deriva tanto del automóvil, como del modelo urbanístico de ciudad que se va imponiendo progresivamente. Son muchas las ciudades grandes de LAC dónde entre un 5 y un 15% de las familias viven sumergidas en un modelo de movilidad en el que se precisa el carro para todos los desplazamientos.
¿élites motorizadas?
El grupo social motorizado[3] tiene un estatus y unas oportunidades urbanas mucho mayores que el resto de ciudadanía, pero al mismo tiempo resulta también victima de su propio modelo al asistir impotente a la fracturación cada día mayor del espacio urbano, al tener que sufrir una ciudad segregada con la consiguiente pérdida de diversidad y de oportunidades de relación. Al depender tan fuertemente del automóvil, prácticamente no se dan encuentros espontáneos entre la gente, sino que casi todos son programados, lo que implica un encerrase dentro del propio grupo social y a tratarse sólo con los “socialmente semejantes”[4]. De nuevo, la negación de la ciudad, esta vez desde la perspectiva de las relaciones sociales.
En conjunto, se trata de unas tendencias coherentes con el capitalismo liberal más agresivo, se trata de servir no a la ciudadanía, sino a la parte “solvente” de la misma. Las estrategias comerciales de las grandes empresas comerciales y/o inversoras piensan en el grupo motorizado en términos de target group solvente, el resto no les interesa! ¿Se ponen nuestros gobiernos locales al servicio de esta estrategia?
degradación del espacio público
Por defecto, el resto de ciudad, lo que no son los interiores de los shooping, condominios, escuelas, lugares de trabajo formal o de recreación de pago, resultan abandonados. Las calles y las plazas, en lugar de ser el espacio público de encuentro, de relación, de intercambio, se convierten progresivamente en el espacio residual, sucio, poco iluminado, peligroso y desagradable. Como si fuera un calcetín, se le ha dado la vuelta a la ciudad. Lo que era el alma de la dinámica urbana, la calle, ahora está desprestigiada y sólo andan por ella las gentes de menos de “dos salarios mínimos”.
La inmensa mayoría de los decisores municipales, políticos electos y cuadros técnicos de la administración local, etc., pertenecen a esta “élite motorizada”. Ven, con normalidad y naturalidad, la ciudad desde su vehículo. Ven esta ciudad “al revés” que difícilmente les gusta, por lo que en su discurso político dicen, aun con buenas intenciones, que la van a cambiar. Pero la realidad es que lo más probable es que sean víctimas de su propio paradigma. La verdad es que viviendo en el hábito de la ciudad dual, al final de la jornada, los escasos recursos del presupuesto municipal se dediquen a más vías rápidas para automóviles y a seguridad defensiva (la obsesión de las cámaras de video-vigilancia). Nada, casi nada, queda para la ciudad normal.
¿Cómo se educan las élites urbanas?
Estamos siempre preocupados por los déficits educativos de amplias franjas marginadas o excluidas de la población. Como ya se ha dicho, se trata de una preocupación sana y necesaria, pero quizás también será conveniente analizar los déficits educativos de las élites urbanas, especialmente de sus hijos/as, que serán los/as futuros/as gobernantes.
La pregunta es: ¿Cual es el impacto educativo que tiene el urbanismo cerrado en la mentalidad de los adolescentes de esta élite motorizada? Pongámonos en los calzones de uno/a estos muchachos o muchachas en plena pubertad o ya en una primera adolescencia.
Juega en la piscina o, si el condominio es suficientemente grande, en las calles y mini plazoletas de intramuros. Tiene un grupo limitado, cerrado, de amistades de su misma edad. Sale del condominio exclusivamente en automóvil acompañado de una persona adulta o en el transporte escolar. Ve pocas calles “normales” de la ciudad porqué buena parte de los desplazamientos son a través de vías rápidas. Está acostumbrado/a a los controles, bien sean para el acceso a un centro comercial o en la garita del condominio de una familia amiga. Ésta es su normalidad. No hay ciudad continua, hay recintos protegidos dónde discurre su vida. La ciudad es un archipiélago dónde, para saltar de isla a isla se usa el carro. Sabe que fuera existe otra ciudad, la que ve por la televisión o la que contempla desde detrás de los cristales del carro de su papá con el seguro de la puerta activado. Es un territorio extraño, allí vive y deambula una gente diferente, por lo general pobre, muchas veces también peligrosa. Está acostumbrado/a a las molestias de muchachos que en los semáforos siempre quieren lavar los parabrisas. Hay que darles algo, pues son pobres, pero hay que andar con cuidado pues a la mínima te roban lo que pueden. Está acostumbrado/a al guarda-carros cuando buscan estacionamiento para ir a un restaurante, si llevan suelto, le darán una monedas. Etc.
Esta ciudad dual forma parte de su normalidad. Se han criado en ella, están preparados/as (educados/as) para vivir en ella.
Es de esta élite motorizada, criada (educada) en esta “normalidad”, de la que saldrán los gobernantes del futuro. Están totalmente preparados para vivir y desarrollarse entre altos muros y verjas electrificadas. Están totalmente educados para operar en la ciudad dual. El ser humano es muy maleable, se adapta a todo, hasta a los campos de concentración. Claro que con secuelas!
Todo en la ciudad educa. Nada de lo que ocurre en la ciudad es educativamente inocuo. Así es como la ciudad de urbanismo cerrado educa a los hijos de las amplias minorías (fácilmente pueden llegar al 10% de la población en grandes ciudades) de las que sin duda saldrán los futuros gobernantes de la ciudad.
Ante esta realidad cabe preguntarse, con este bagaje educativo, ¿existe alguna posibilidad de que realmente esta dualización urbana se acabe? ¿existe la posibilidad de una ciudad con algo parecido a la igualdad de oportunidades? ¿hay posibilidades de romper esta perversa espiral de segregación cuando está “normalizada” en la mente de los/las que van a tomar las decisiones públicas?
Deberíamos reflexionar y cuidar cómo se educan los/as hijos/as de nuestras élites urbanas. Serán nuestros/as futuros gobernantes.

Lecturas recomendadas sobre este tema.

•Renato Cymbalisya, “Loteamentos fechados”; revista HUMBOLT del Goethe Institute, nº 95 año 49, 2007. Se trata de un artículo que repasa la história y la lógica de los condominios cerrados en Brasil, con énfasis en la marca “Alphaville”. (en portugués)

•Zygmunt Bauman, “Confianza y Temor en la Ciudad”; Arcadia, Barcelona (2009). Se trata de la transcripción de dos conferencias de Bauman sobre el tema, es un librito breve y muy pedagógico. (12.-€) (en castellano, también se encuentra en otros idiomas, incluido el portugués)

•Nan Ellin et al. “Arquitecture of Fear”; Princeton rquitectural Press, New York (1997). Se trata de un compendio de una veintena de artículos de otros tantos autores en su mayoría estadounidenses. Incluye, además de arqutectos y urbanistas, artistas y periodistas. Se compra facilmente en www.amazon.com por unos 10.US$ http://www.amazon.com/Architecture-Fear-Nan-ed-Ellin/dp/1568980825/ref=sr_1_3?ie=UTF8&s=books&qid=1251306031&sr=1-3 (en inglés)

[i] Los índices de motorización europeos acostumbran a superar bastante los 500 vehículos por 1.000 habitantes, lo que en la práctica representa que hay tantos o más vehículos privados como personas con permiso o licencia de conducción. Es por ello que hablamos de motorización “saturada”. La media de motorización en Latino América parece ser que está entre 100 y 150 por 1.000 habitantes, esto en la práctica quiere decir que disponen de automóvil privado entre un 10 y un 20% de las familias. Ello, claro está, con grandes diferencias, no sólo entre países, sino también entre las grandes áreas urbanas y las regiones con renta disponible menor.

[ii] No cabe duda que las políticas de transporte público urbano son radicalmente distintas a un lado y otro del Atlántico.

[iii] No resulta acertado hablar de “clase social motorizada” ya que entre los motorizados hay una gran disparidad de intereses y situaciones. De forma laxa utilizaremos el término “élite motorizada” para referirnos al grupo social que dispone de vehículo privado.

[iv] Concepción de la ciudad que, aun sin los famosos anillos concéntricos, nos recuerda el desafortunado modelo de la “urban ecology” elaborado por Park & Burgess en los años 1920’s en Chicago.

Fuente: http://www.aigob.org/content/view/174/25/

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